En un deporte en el que la familia es un sostén no sólo afectivo, sino también estructural (caballos, instalaciones, cultura polística), Adolfo Cambiaso V fue -aún es, y lo será- un lobo solitario en el alto handicap, con compañeros de apellidos diferentes al suyo.

Ahora, el líder de La Dolfina empieza a identificarse con esa palabra sagrada, “familia”. No es que venga de un repollo, claro; su padre jugaba, sus hermanastros jugaban. Pero hay más Cambiaso levantando trofeos, y parece que los habrá por muchos años. Mia y Adolfo VI, sus hijos mayores, vivieron algo que hoy disfrutan pero que con el tiempo valorarán como tesoro: levantar un trofeo importante con su papá.

En el club Grand Champions, de Palm Beach, padre y crías ganaron la copa Sterling, disputada por ocho conjuntos de 20 goles, un handicap muy alto fuera de la Argentina. Y entre los rivales hubo varias figuras: Guillermo Caset, Sebastián Merlos, Nicolás Pieres, Rodrigo Ribeiro de Andrade, Alejandro Novillo Astrada. Acompañados por Cristián “Magoo” Laprida, los Cambiaso actuaron por Valiente y se coronaron con una goleada, 10-4, al equipo de Nicolás Pieres y Nicolás Roldán, Audi.

Mia tiene 15 años. Adolfo (h.), “Poroto”, apenas 12. Cada uno posee 1 de handicap. Y cada uno marcó 2 goles, o sea que los dos niños/adolescentes hicieron la misma cantidad que el cuarteto contrario. Los chicos, que jugaron muy bien, gozaron mucho. Su progenitor, quizás aun más.

“Ellos se divierten. No saben ni lo que pasa. No hay que ir eliminando etapas. Los divierte que sea una final y jugar conmigo. La pasamos bomba y encima ganamos jugando bien”, contó Adolfo a la nacion. Sabe él de esas sensaciones: como Poroto, a los 12 años conquistó un trofeo de 20 goles con su papá. Es un lindo recuerdo la copa Eduardo Heguy elevada en 1987 junto a Adolfo IV, el medio hermano Marcial Socas y Rodrigo Rueda. A fin de año subirían a Adolfito a 2 goles, pero en ese momento tenía 0. Poroto, hoy con 1, viene un poco más rápido que uno de los dos mejores polistas de la historia en la escalera hacia el 10.

Jugaron bien los chicos, con buen funcionamiento. El resultado fue un poco una anécdota, pero el rival era bueno. Jugó fuerte pero con buena intención”, comentó Adolfo. “Como padre, disfruté bastante. En la cancha los siento más como compañeros. Los siento como hijos antes y después del partido”, agregó.

Fuente: La Nación / X. Prieto Astigarraga.