Fue el equipo de todos, el de los aplausos de la gente, las ovaciones… El más querido. Caso extraño y paradójico el de sus integrantes: tienen carisma sin haber sido carismáticos. Les alcanzó y les sobró con ser cracks en la cancha y mantener una conducta dentro del campo de juego. Virtudes que, por cierto, no son para cualquiera.

Después de las conquistas en 1986, 1991, 1992, 1993, 1995 y 2001. Vencieron con varias formaciones y superando inconvenientes de todo tipo, hasta el dolor de perder a un hermano, como fue la muerte de Gonzalo Heguy, en 2000. Al año siguiente, con ese gol casi agónico de Mariano Aguerre («un coscorrón con buenas intenciones», según la precisa definición del autor), venció a La Dolfina por 17 a 16 en un épico partido.

Indios Chapaleufú, el equipo de las mil batallas.