“Hay que trabajar porque es difícil tomarle la mano. Antes de cada presentación, entreno una semana entera, mañana y tarde, para que los caballos se acostumbren a seguir a la yegua, que lleva un cencerro”

Rebelde como muchos de los adolescentes, Mia intenta cultivar el perfil bajo y durante los partidos de la Triple Corona, donde todos los flashes apuntan a los palenques de su célebre padre, ella elige aplaudirlo desde alguna tribuna alejada. Ella quiere hacer su propio camino y va bien rumbeada. En enero de 2017 debutó en el Festival de Doma y Folklore de Jesús María, donde se llevó el primer premio en el concurso de Tropillas Entabladas. Para hacerlo, ella se impuso una exigente rutina y se instaló en el campo familiar de Córdoba, su lugar en el mundo, y se preparó durante un mes con Alberto García, el padre del domador de los caballos de Adolfito, un experto. “Fue una experiencia muy linda. Y tengo planeado volver el año próximo”, promete la joven, que acaba de volver del colegio (durante el año, cuando la familia gira por el mundo, viajan con una maestra y hacen homeschooling, pero cuando aterrizan en Cañuelas, donde viven, tanto ella como sus hermanos, Poroto y Myla, retoman las clases con normalidad).