Stirling nació en un mundo vinculado al polo. Para empezar porque es oriundo de Young, y en esa ciudad de Río Negro ese deporte es muy popular en todas las edades. Además, la suya es una familia de destacados polistas, con un abuelo que fue el mejor jugador del Uruguay —al menos hasta ahora— y un padre que fue contratado en el exterior para mostrar sus destrezas en otras tierras.

Pero a los 32 años, Stirling —o “Pelón”, como le dicen los que lo conocen— pasó de ser uno de los tantos younguenses que se suben a un caballo con un taco en sus ratos libres, a convertirse en uno de los mejores polistas a nivel internacional. Tiene 10 goles de hándicap —la máxima categoría a la que puede acceder un jugador— yforma parte de La Dolfina, el equipo del argentino Adolfo Cambiaso, el polista más destacado del mundo. Hace años que está en Argentina, el país que es la meca de ese deporte en la región, y viaja por todo los continentes disputando torneos. Además, Stirling tuvo un 2014 inolvidable porque La Dolfina conquistó por segunda vez consecutiva la “triple corona” del polo argentina, luego de ganar los torneos de Tortugas, Hurlingham y Palermo. En este último —que se disputó a principios de diciembre— el uruguayo fue elegido el mejor jugador de la final, en el partido que los liderados por Cambiaso derrotaron a la Ellerstina por 14 a 12.

A mediados de diciembre, Stirling dejó su casa en Cañuelas, provincia de Buenos Aires, para trasladarse a Uruguay. Estuvo en su Young natal, donde vive la mayoría de su familia paterna y amigos de su infancia, y también en Montevideo, para ver a su familia materna, los Fernández. También aprovechó para jugar el Abierto del Carrasco Polo Club, que conquistó con el equipo Río Negro La Esmeralda. Stirling recibió a galería una tarde de diciembre en el Carrasco Polo Club. Cinco minutos después de la hora pactada, envió un mensaje pidiendo disculpas por la tardanza, diciendo que estaba en camino. No demoró más de diez, y al llegar junto a su familia, volvió a excusarse, alegando que estaba jugando con sus hijos.

Se lo ve tranquilo y de pocas palabras. Por momentos habla en tercera persona y destaca que lo importante es que su equipo haya logrado el “objetivo” de la temporada. En la charla repasó sus inicios en el mundo del polo y contó anécdotas de su carrera, que lo llevó a conocer a celebridades como Diego Maradona, Gabriel Batistuta, la reina de Inglaterra y los príncipes William y Harry. Pero asegura que lo que más le gusta es estar sobre un caballo o tomando mate con los petiseros.

¿Cómo se inició en polo?
La familia Stirling siempre fue muy polera. Mi abuelo (David Stirling Díaz), el “Tata”, tuvo 10 goles en Uruguay. Papá (David Stirling Crevoisier)tuvo como siete goles. Cuando yo tenía seis años nos fuimos a vivir con él a Sotogrande, España. Papá arrancó el polo en Sotogrande y ahí se fundó el Santa María Polo Club, uno de los clubes más importantes del mundo, donde se juega en agosto la temporada principal en el circuito. Papá fue contratado un año para jugar como profesional y después le ofrecieron quedarse a organizar un torneo. Ahí vivimos como 25 años. Hice los últimos tres años de colegio y Facultad en Inglaterra. Cursé Administración de Empresas pero no llegué a terminar porque me encaminé con el polo.

¿En qué momento el polo pasó de ser un divertimento a ser un estilo de vida?
Cuando me empezaron a salir mis primeros trabajos estaba en Facultad. Me di cuenta de que me iba bastante bien, que era lo que me gustaba. Fue una decisión de todos, con los viejos ayudándome. Siempre me inculcaron que si me tomaba esto en serio iba a ser mi trabajo. Y es lo que hago: tengo que hacer la misma cantidad de horas que alguien en una oficina. Tengo la suerte de que las hago en una caballeriza o un lugar abierto.
Su abuelo fue el polista uruguayo más famoso, pero los que saben de polo dicen que usted lo superó.

¿Cómo vive ese hecho su familia?
También tengo un hermano que juega. Es algo lindo que le tocó vivir a la familia. Me importa más la familia que el polo. Con el polo hoy uno está arriba, pero en un año puede bajar y ser algo del pasado. Y la familia va a quedar. Prefiero ser mejor persona que buen polista.

¿Cómo es el día de trabajo de un polista?
Me gusta la mañana, amanezco temprano. Ahora con los chicos me levanto a las siete y media. Vivo en Cañuelas, pero nos juntamos en un lugar pegado a La Dolfina, donde vive Cambiaso. Ahí hicimos una casa, una cancha de polo y una caballeriza. Me gusta ir a tomar los primeros mates con los petiseros, charlamos de cómo está todo. A la mañana siempre hacemos un poco de gimnasia con el preparador físico que tengo. Después hay una práctica de ocho o nueve chuckers o taqueo. Y nos juntamos una vez a la semana para hacer práctica de equipo contra otro equipo y después un par de juntadas con el grupo para hablar de las tácticas o del partido que viene, para ver cómo lo planificamos. Entreno con “Adolfito”, pero en el tema físico cada uno tiene su entrenador.

¿En qué consiste el entrenamiento físico?
Más que nada nos concentramos en el tema aeróbico, en la flexibilidad y estiramientos. De vez en cuando, dependiendo de la época de la temporada, hacés un poco más de gimnasio.

¿Tiene alguna dieta específica?
Lo manejamos nosotros. En temporada le damos poco a los dulces y al alcohol. Pero es una comida normal.

¿Cómo llego a La Dolfina?
Arranqué jugando en Inglaterra. Ahí jugaba siempre en contra de Adolfito. En ese momento que era más chico, era mi ídolo total. Entonces me invitó a jugar la temporada de Estados Unidos. Después me invitó a ir a cuidar mis caballos a La Dolfina. Eso fue en 2007. En el 2010 entré a jugar en La Dolfina.

¿Tuvo lesiones?
Siempre tenés algún problemita. Este año estuve con un problema en el brazo derecho. El polista no tiene tanto tiempo para recuperarse y te podés perder una temporada que a lo mejor la estás esperando todo el año. Podés poner un suplente, pero no querés perdértelo. Sobre todo la temporada argentina; uno trabaja toda la temporada para jugar esos tres torneos, en especial el abierto de Palermo. El equipo viaja con kinesiólogo, y siempre hay doctores que te sacan de apuro. Nos gusta jugar, así que cuando aparecen las lesiones hay que buscar la fórmula de tapar y de poder subirte al caballo.

¿Cómo es su organización hoy? Porque tiene caballos en Buenos Aires y en otras partes del mundo.
La organización ha crecido muy rápido. Arranqué en 2007 en Argentina y miro para atrás y me río, porque habíamos llevado dos caballos con Jejo (Taranco), que es mi mano derecha y siempre me acompaña a todos lados. No hace tanto de eso. Uno ha crecido muy rápido. Creo que el premio que gané se debe mucho a esa organización que logré juntar. Hemos trabajado mucho, hemos viajado a buscar esos caballos especiales. En el palenque tengo caballos de Australia, Nueva Zelanda, Inglaterra, Estados Unidos y Argentina. Le hemos puesto muchas ganas y mucho dinero a tratar de ser lo más organizados posible, porque una oportunidad de estar en un equipo así no se puede desperdiciar. Cualquier deportista cuando se le presenta una buena oportunidad tiene que saber tomarla, porque si no la toma bien, no surge una igual. Si he tenido algo de suerte o virtud en mi carrera es que esas oportunidades las he sabido tomar.

Además de las horas con los caballos, ¿aprovecha para meditar sobre otras cosas?
El caballo es algo que está conmigo siempre. Puedo andar a caballo durante el día y no me canso. Hoy me canso un poco más porque empiezo con los dolores. Pero una de las cosas por las que uno ama este deporte es por el caballo. Sabemos que nuestro deporte y nivel, el extra que te va a hacer jugar bien, es lo que llevás abajo.

Mientras Stirling conversaba con galería, afuera lo esperaban su mujer, María José, y sus hijos, Vicente de dos años y Amalia de uno, que corrían descalzos por el pasto. Su esposa es chilena y la conoció cuando viajó a ese país invitado por quien hoy es su suegro. “Él cometió el error de haberme llamado para jugar y yo me llevé a su única hija”, contó sonriendo.

Ella es la responsable de que, hasta el 14 de enero, él y su familia estén de vacaciones en Chile. Después viajarán a Palm Beach, donde estarán instalados hasta abril, mientras él disputa los torneos en esa zona. Luego, el polo será quien se encargue de enviarlos a otro lugar del mundo.

Se considera “un tipo de suerte”, porque puede hacer lo que le gusta. Cuando no viaja, trata de pasar el tiempo libre con su familia, o mirando deportes en televisión. Y cada tanto le gusta compartir un asado.

Los polistas viajan bastante. ¿Cómo organiza la vida familiar?
Por suerte la familia me banca todo el año. Por eso en las vacaciones de Navidad y fin de año me llevan para Chile. El polista viaja a dos o tres lugares y se instala tres meses. Nos dan una buena casa y nos miman. Uno va a lugares lindos y la pasa bien. Por ahí en un tiempo, cuando los chicos sean más grandes, veremos si siguen viajando o si viajan con sus profesoras. Pero todavía hay tiempo para eso, será un problema más adelante. Durante el año trabajo contratado por patrones para jugar en sus equipos. Yo hago las temporadas principales que son las de Estados Unidos, Inglaterra y Sotogrande. Después volvemos a Argentina. Por ahí antes era más divertido, porque iba a lugares más exóticos, como Sudáfrica, Australia, Dubai, Malasia, Singapur o Filipinas. Pero desafortunadamente hoy vamos poco a esos lugares, porque uno va a las temporadas principales. Antes, cuando jugaba en otro nivel, iba a todos esos lados.

El mundo del polo está vinculado al jet set internacional. ¿A qué personajes conoció?
El polo te da la posibilidad de conocer gente que nunca antes había pensado en conocer, como la reina de Inglaterra, Maradona, o Batistuta. Uno puede jugar con patrones o en contra de patrones que son unos monstruos en lo que hacen. Por ahí te juntás con un amigo tuyo que está en un fondo de inversiones y le decís que conocés a alguien que para él es Gardel. Y vos jugás con él o en contra de él, y tenés un trato de tú a tú. Si me preguntás si es lo que me gusta te digo que no, porque me divierte estar en la caballeriza tomando mate con los petiseros. Pero está bueno compartir una charla con esa gente diferente, es especial.

¿Recuerda alguna en especial?
A Maradona, cuando comimos un asado en La Dolfina. No paraba de mirarlo con la boca abierta, porque soy fanático del fútbol. Nos quedamos hasta las tres o las cuatro de la mañana contando anécdotas de su carrera. Para uno que le gusta el fútbol es un sueño, y además tiene arte para contar el cuento, así que es muy divertido.

¿Y con la reina de Inglaterra?
Tenés un protocolo cuando te entregan el premio. De repente tenés un segundito para hablar porque, por ejemplo, ganaste con la mejor yegua y te pregunta de dónde es, o algo así. Pero también jugué al fútbol con Enrique y Guillermo. Con ellos tenía más trato porque jugábamos en el mismo club de polo, y un amigo con el que jugaba era amigo de ellos. Me acuerdo de que el petisero, que era medio patadura, le pegó una patada a Guillermo y lo dejó tirado.

¿Cómo decidió dedicarse a la cría de caballos de polo?
Es una actividad linda. En Argentina se mueve mucho, va mucha gente del exterior a comprar. En los últimos cuatro o cinco años le hemos metido mucho a la cría con embriones de caballos con los que juego el abierto. Adolfito me presta mucho sus padrillos, hoy no tanto porque uno tiene los suyos también, pero me dio una gran mano en esto. Mi sueño sería poder traer el tema de la cría a Uruguay, porque en Young estamos a cuatro horas de Buenos Aires. Pero hay un tema aduanero que no funciona tanto como en Europa. En la Unión Europea cada caballo tiene su pasaporte y puede viajar por toda Europa sin problemas. Sería lindo que con el Mercosur haya algo parecido.

¿Hasta qué edad juega un polista?
Los Heguy juegan con 48 años el abierto y a un muy buen nivel. Pero el promedio es entre 40 y 45. Esperemos que nos haya ido bien para poder retirarnos antes.

¿Por qué cree que el polo no logra despegar demasiado en Uruguay?
Creo que hoy se ha vuelto muy polo de campo. Hay poco movimiento de temporada de polo. Creo que hay mucho para hacer para que Uruguay salga a jugar al polo internacionalmente. Me divierte llevar la banderita a algún partido, como la Copa Coronación en Inglaterra, que es una copa en la que una selección juega contra Inglaterra. La reina es quien entrega la copa y se ve en varios medios. Hay copas para jugar en Argentina. Me divierte también tratar de ayudar a que aparezcan nuevos jugadores e invitarlos desde chicos a jugar alguna copa en Argentina. O traer a La Dolfina a jugar una exhibición.

¿Cree que falta apoyo estatal?
Seguro. Uruguay teniendo un jugador como tiene podría promocionarlo más. Hoy el polo en Argentina atrae a mucha gente y patrones de afuera terminan comprando caballos, campos y casas. Creo que Uruguay, con el fuerte que tiene de Punta del Este, puede invitar a esos patrones. El polo puede ser importante en ese sentido.

¿Y a nivel empresarial?
Creo que si se hace algo divertido se pueden prender. Si les decís que viene La Dolfina, a alguna empresa le gustaría promocionarlo. O se puede hacer algún remate para juntar plata a beneficio. Si las empresas ven movimiento les gusta apoyar. Eso está prendiendo al polo.

También pasa que el polo es costoso y hay quienes lo consideran elitista. ¿Cómo lo ve usted?
En Uruguay y Argentina te podés acercar al polo con amigos que tienen un caballo, o en cualquier campo encontrás caballos. Es un deporte más costoso que otros, eso seguro. Pero no lo veo tan imposible como en Europa o en otros lugares.

Fuente: Busqueda.com.uy (#731, 2014)
Foto: Irina Kazaridi