El recuerdo de Don Marcos Uranga

Si algo identificó a Marcos Uranga toda su vida fue su rol emprendedor. Amigo, anfitrión por naturaleza, familiero, consejero de quien lo necesitara, comprensivo, todo junto en la misma persona, sí, pero emprendedor nato. Le gustaban los deportes. Arrancó por el rugby: lo apasionaba. Y hasta hace unos de años solía juntarse con sus viejos compañeros del Belgrano Athletic, club donde llegó a integrar el plantel superior desempeñándose como medio scrum. Después llegó su vínculo con el polo. Y las mil historias del hombre que cambió el mapa internacional de este deporte.

Nacido en Buenos Aires, contador público, dedicado a todo lo concerniente con el mundo agropecuario e hijo de Carlos Uranga (destacado jugador y dirigente, que marcó el primer gol en las canchas de Palermo, en la inauguración en 1928), Marcos se ocupó de los campos de la familia en Villa María (Córdoba) y en la localidad de Uranga, pegada a Rosario. Cuentan que los fines de semana viajaba desde el campo cordobés en sulky los sábados, para jugar los domingos y emprender la vuelta. Eran tiempos románticos, sin autos para movilizarse. Pero nada lo iba a frenar.

El polo le dio amistades múltiples. E ideas. Difícil era que un pensamiento suyo no fluyera a modo de iniciativa. “¿Y si hacemos tal cosa?”, “¿Y si generamos una competencia que reúna esto y aquello?”, soltaba en rueda de íntimos. Invariablemente, la idea mutaba en realidad. Así, el polo comenzó explorar nuevos caminos. Como en aquel 1978…

Se iba a jugar el Mundial de fútbol en la Argentina, con el equipo dirigido por César Luis Menotti que lograría el primer título para nuestro país. Tiempos difíciles por cierto. ¿Qué pensó Uranga? “Es el año del Mundial, ¡hagamos también un Mundialito de polo!”. Fue en el Jockey Club, de San Isidro, entidad en la fue ocupó el puesto de Capitán de Polo. Junto con el entonces presidente, Roberto Vázquez Mansilla, fomentaron el crecimiento y hasta propiciaron la creación de las canchas dentro del Hipódromo. Jugaron 24 equipos, 12 con polistas argentinos y otros 12 con extranjeros. Ganó el Jockey Club, el equipo de Uranga, junto con su cuñado, Rodrigo Rueda, Juan Pedro Pierrou Gassiebayle y Juan Lalor. Torneo que fue un clásico de otoño y hasta le sumó, años más tarde, el Mundialazo.

Su entusiasmo y su capacidad lo llevaron a meterse en el ruedo político del polo. Primero como vicepresidente (de Cristian Zimmermann), y luego, al frente de la AAP, entre 1983 y 1987. Le tocaron un par de bravas. Una epizootia equina interrumpió el Abierto de Palermo en 1985. ¿Se canceló? No, gestionó y en abril-mayo de 1986 se jugaron semifinales y final de Hurlingham y de Palermo. “Con buena voluntad, todo se puede”, razonó. En otra ocasión, las lluvias retrasaban los torneos de la Triple Corona. “¿Qué pasa si sigue lloviendo, Marcos? Los jugadores se van a Estados Unidos en enero”, le preguntamos. “Mirá, mientras jueguen antes de fin de año, no hay problemas. Será una final de Palermo con sidra y pan dulce”, respondió fiel a su filosofía de vida.

Pero el Uranga dirigente no se quedó ahí: antes de conducir la AAP fundó, en 1982, la Federación Internacional de Polo (FIP), entidad que hoy aglutina a 81 naciones. Y pensando siempre en los Juegos Olímpicos, un día imaginó: “Si no podemos jugar porque los demás no tienen los cracks que tenemos nosotros, hagamos una competencia con handicap más accesible”. Ahí nació el Mundial de Bajo Handicap, hasta 14 goles. El primero se realizó en Buenos Aires, en 1987.

No te pierdas la nota completa sobre la vida de Marcos Uranga en este link de La Nacion:

https://www.lanacion.com.ar/deportes/murio-marcos-uranga-el-argentino-que-cambio-el-mapa-mundial-del-polo-nid09042021/