En el after hay para todos los gustos. En la entrada al predio está el escenario, donde pasaron Karina, el Polaco La Champions Liga, entre otros. Enfrente se ubica el espacio de Imperial con música indie o alternativa. Más adelante, frente al roble iluminado, el polo bar tiene el denominado cachengue mientras el local de al lado por lo general tiene su DJ. “Me hace acordar a un evento al que fui este año que se llama Polo in the Park, en el Hurlingham Park de Londres. Dura tres días y la gente va a pasar un buen momento con amigos más que ver un partido. Lo único que allá son más rigurosos con la vestimenta. Tenés que ir de pantalón largo y los que están en el VIP tienen que usar saco. Por el calor, acá vengo directo al after”, cuenta Fernando Montes, un argentino radicado en Inglaterra.

“El after polo era lo de antes. Esto de ahora es una grasada donde la gente viene a emborracharse barato”, sostiene en off alguien que asiste desde hace años a Palermo. Si bien hay gente en contra, el público del polo parece haber recibido bien esta iniciativa. “Para nosotros es un buen programa por el horario. Mirás un buen partido, te quedás un rato y al otro día te podés levantar temprano, algo clave, porque durante la temporada no hay días de descanso”, explica Milos Ruszkowski, un joven marplatense que trabaja en la organización de Eduardo Heguy.

Resulta difícil determinar si esto le traerá nuevos fanáticos al polo, pero el plano económico es indiscutible. En ese sentido, Novillo Astrada (h.) entiende las quejas que el evento suscita pero sostiene que el tiempo le terminará dando la razón: “La gente más tradicional del polo por ahí se siente un poco invadida y ese es el gran problema que hemos tenido. No hemos sabido abrir las puerta, es esa concepción de querer mantenerlo para pocos. Todos los jóvenes del polo que me encuentro están felices y yo le apunto más ellos. Los tradicionales tendremos que adaptarnos a los cambios. Entiendo que les cueste, pero cuando vean los números lo van a entender”.

Fuente: La Nación.