Hablar de polo en Ecuador es remontarse a los albores del siglo XX. Con más de un siglo de trayectoria ininterrumpida desde su surgimiento en 1910, el Ríobamba Polo Club se erige como uno de los bastiones históricos de esta disciplina en el país, resistiendo al paso del tiempo y manteniendo viva una tradición ecuestre que se arraigó profundamente en la identidad de la ciudad.
Para comprender la magnitud de este legado, conversamos con Álvaro Merino, referente de la institución, quien nos guía a través de las páginas de una historia centenaria y los desafíos de una nueva generación dispuesta a relanzar el deporte en la región.
Los cimientos de una identidad centenaria
Fundado en una época donde el caballo era tanto herramienta de trabajo como símbolo de nobleza, el club logró trascender las eras gracias a un fuerte sentido de pertenencia comunitaria.
“El polo se practica en Riobamba desde 1910, convirtiendo a nuestra ciudad en una de las cuatro ciudades del Ecuador donde este deporte ha logrado mantenerse vivo. Pero más que una fecha, lo que realmente define al club es una herencia que ha pasado de generación en generación”, señala Merino.
Lejos de funcionar como un espacio cerrado, el club siempre mantuvo un lazo estrecho con la ciudadanía. Hoy, ese vínculo busca renovarse bajo una premisa clara: tomar el legado de los fundadores y proyectarlo hacia el futuro. Es bajo esta visión que surge la Copa Tradición, un torneo concebido no solo como una competencia deportiva, sino como un homenaje a quienes construyeron el camino y una apuesta firme por la continuidad del polo ecuatoriano.
El rol vital de las nuevas generaciones
Para Merino y su equipo generacional, el futuro del club no es una promesa lejana, sino una responsabilidad inmediata. La meta no se limita a conservar el archivo histórico, sino a expandir los horizontes del deporte.
“No queremos simplemente conservar lo que heredamos; queremos hacer que el polo crezca aún más en la ciudad, ser un referente para el país y lograr que una nueva generación se identifique con este deporte”, afirma.El desarrollo institucional actual descansa sobre pilares muy claros:
- Formación integral: Estimular el surgimiento de nuevos talentos y jugadores jóvenes.
- Cultura ecuestre: Acercar a la comunidad al conocimiento del caballo, el campo y la vida de club.
- Evolución constante: Honrar el pasado mediante la acción y el crecimiento deportivo, buscando que la época actual sea recordada como un punto de inflexión.
Desafíos y objetivos hacia el próximo siglo
Mantener una infraestructura ecuestre activa durante más de cien años no está exento de escollos. Los requerimientos de mantenimiento, la gestión de recursos y la necesidad de contar con un respaldo institucional sólido figuran entre los principales retos que enfrenta la comisión directiva.
Ante esto, la estrategia apunta a la colaboración público-privada y a la unión de voluntades.
“Queremos generar alianzas, sumar voluntades y trabajar de la mano con instituciones públicas y privadas, porque estamos convencidos de que cuando existe un objetivo común, el deporte puede convertirse en una herramienta para proyectar a Riobamba y al Ecuador”, destaca Merino.La hoja de ruta es ambiciosa pero realista: consolidar una institución fuerte, organizar torneos de alto nivel competitivo y recuperar el protagonismo del polo riobambeño en el escenario nacional.
En definitiva, la filosofía del club se resume en una convicción compartida por sus socios actuales: la verdadera tradición no consiste en quedarse estancados en el pasado, sino en tener el valor y el coraje de construir los próximos cien años.


